La fugacidad del tiempo.
A través de la experiencia del hombre, en todos los aspectos del mundo y del universo que habita, corre esa huidiza entidad denominada tiempo. El reloj, representante de Sol y las estrellas, le dice que es tiempo de levantarse, tiempo de ir a la escuela o al trabajo, tiempo de meter el asado el horno o de comérselo, tiempo de acostarse. Al emprender un viaje, compara los horarios de trenes o aviones con su reloj; Si se embarca, deberá establecer la relación entre tiempo y distancia para hallar su camino en el mar.
El tiempo no solo rige las actividades del hombre, sino su ser mismo. Como todo organismo vivo, existe por la gracia de miles de ritmos sincronizados. Su pulso late tranquilo o agitado; las ondas eléctricas de su cerebro ajustan su ritmo al sueño o la vigilia.
Mucho más que el hombre, otros seres vivientes se rigen por el “tiempo biológico”, que vincula los procesos internos con los ritmos regulares del mundo exterior.
El tiempo, que da continuidad y orden, es también causa de desquiciamiento y muerte. Nada hay bajo el Sol o sobre él, de lo que no podamos decir: “Esto con el tiempo, también desaparecerá”.
Podemos ahorrarlo o perderlo, gastarlo o desperdiciarlo (¡El tiempo es oro!), incluso podemos vencerlo o matarlo.
Lo que no podemos, cosa extraña, es definirlo. Para el psicólogo, el tiempo es un aspecto de la conciencia, el medio por el cual damos orden a nuestras experiencias. Para el físico, el tiempo es una de las 3 cantidades fundamentales; las otras 2 son masa y distancia en cuyos términos se puede describir todo lo que hay en el universo. Para el filósofo, el tiempo es otras cosas distintas. Sin embargo, todos estos eruditos, a pesar de haber escrito libros acerca del tiempo, se ven incapacitados para definirlo de manera satisfactoria para los demás, o aun para sí mismos.
El hecho de que la palabra “tiempo”, en su connotación científica, se refiera a dos cosas diferentes, aunque relacionadas, no facilita la tarea de pensar y hablar acerca de él. La primera es intervalo, o sea la duración en el tiempo. La segunda es la época, o sea la situación dentro del tiempo. Si preguntamos: “¿Cuánto durará el concierto?”, Nos referimos al intervalo. Si preguntamos: “¿A qué hora empieza el concierto?”, se trata de la época. Podemos establecer una diferencia semejante, al hablar del espacio, entre extensión y situación: “Mi casa tiene 10m. de frente” y “Mi casa está a 10m. de la esquina”. El intervalo y la época se expresan en las mismas unidades (días, horas, minutos, etc.). Pero no significan lo mismo. Y la diferencia entre uno y otra suele ser importante, aunque raras veces evidente.
El singular sentido humano del tiempo.
La curiosidad y la preocupación del hombre por el tiempo proceden, en última instancia de su relación con él. Todos los animales existen en el tiempo y cambian con él; sólo el hombre puede manejarlo.
Próximo tema: El reloj biológico.

y para ti, ¿qué es el tiempo?
He estado leyendo el libro y tal vez este muy influenciada mi respuesta, pero ahora creo que el tiempo es una medida entre dos cosas que pasan naturalmente pero interpretada por el hombre a su manera. El tiempo es relativo.
¿Es difícil pensar en que es el tiempo no? Muchas ideas se me vienen a la cabeza y eso es lo más coherente y sencillo que puedo decir
¿Y tú?
Ya habia pensado que somos una marquesina viviente, o mas bien un instante viviente en una compleja marquesina.